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Quien no ha visto Granada…

Son muchos los dichos y citas sobre Granada, su belleza y su historia. Y es que, desde el siglo VII antes de Cristo, Granada ha enriquecido sus calles y edificios con influencias romanas, árabes y cristianas. El mejor ejemplo de esta emulsión de culturas es La Alhambra y los Jardines del Generalife. Construida por los romanos en el primer siglo de nuestra era, reconstruida en el XIV por los árabes y restaurada un siglo después por los Reyes Católicos es, hoy en día, la atracción más visitada de España. Vale la pena subir hasta el barrio del Sacromonte para ver la Alhambra desde otra perspectiva.

Otro momento culminante de Granada es el Renacimiento, con la Catedral como su máximo exponente gótico-barroco. Contiene nada menos que 14 capillas, cada una con sus retablos, lienzos, esculturas y detalles arquitectónicos según la época de su construcción, por lo que visitarla es una experiencia cultural inigualable. En la Capilla Real se encuentran los sepulcros de los Reyes Católicos.
Granada es una ciudad de contrastes, así que después de visitar la suntuosa Catedral, nada mejor que callejear por el antiguo barrio musulmán de la Alcaicería, a escasos metros.

Granada no es una ciudad excesivamente grande, pero sus calles empinadas requieren recorrerla con calma. Pasear por la Carrera del Darro y el Paseo de los Tristes nos da la oportunidad de respirar el paso de los siglos por sus empedrados. Aquí podemos admirar edificios como la Casa del Castril, otro edificio renacentista que aloja el Museo Arqueológico, o descansar en el Mirador de los Carvajales ante una imponente vista de la Alhambra. Aquí se encuentra también El Bañuelo, uno de los baños árabes más antiguos e importantes de España.

La Plaza Nueva es también punto de encuentro de algunos edificios importantes, como la Real Cancillería, edificio judicial construido en el siglo XVI por Isabel la Católica y que continúa hoy día con una función administrativa. Entre el Albaicín y el barrio del Centro, esta plaza tiene una vida singular, dando comienzo a la animada y comercial calle Elvira, para comprar, tapear o simplemente mirar.

Y es que ya lo dice el dicho: «Quien no ha visto Granada, no ha visto nada».

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